



“Él dice femenino” es una obra de danza contemporánea que narra la relación de 3 amigas íntimas que viven separadas. Se estructura en 5 partes divididas por los 5 audios que envía una de ellas y que conforma la “melodía” principal (e hilo conductor) de la obra.
Sobre la trama:
La historia expone a Vera, Esther y Marta como 3 amigas de 40-45 años (la primera) y 30-35 años (la segunda y la tercera). Las 3 llevan vidas muy diferentes y no tienen suficiente disponibilidad como para verse frecuentemente. Vera es una mujer casada, con dos hijos, que tiene un trabajo fijo del que lleva viviendo muchos años, pero que sabe que ni es su sitio ni es su pasión. Atraviesa un periodo de pobre comunicación con su marido, así como de sobrecarga emocional al funcionar como pilar fundamental de sus hijos en todas las áreas. Por ello, siente que no tiene ningún momento para invertir en ella o en su independencia y, al mismo tiempo, siente que no puede (o debe) ser egoísta porque las demás personas cuentan y dependen de ella.
Por otro lado tenemos a Esther, una chica joven que acaba de independizarse y cuyo trabajo gusta mucho. Sus padres la han ayudado para dar la entrada de la vivienda, pero ella ha querido encargarse de las mensualidades al completo de ahí en adelante, tanto por sentirse independiente como para no sentirse una carga dada la edad que tiene (o porque considera que a su edad ya debería ser una mujer totalmente autónoma). No obstante, ha dejado el trabajo que tenía por miedo a no ser capaz de pagar la hipoteca y sobrellevar un ritmo de vida con sus gastos deseados (ya que su salario no se lo permitiría). Por ello, está aprovechando sus ahorros para dedicarse a las oposiciones, pero no está segura al 100% de ello.
Por último está Marta, la más joven de las tres, quien todavía vive con sus padres. Es una apasionada de la lectura y tiene la idea de escribir un libro aprovechando su influencia en RRSS, pensando en el impacto que podría tener como creadora de contenido. Sin embargo, se encuentra falta de inspiración y siente que necesita estímulos externos o ideas de otras personas para avanzar con su historia, por lo que tiende a estar casi siempre fuera de casa, sobre todo de noche, culminando en una gran sensación de vacío en cuanto se encuentra sola (y al mismo tiempo divagando en su propia frustración por sentirse 0 creativa).
En el transcurso de la obra los audios y reflexiones de Vera iluminarán a sus amigas e irán disipando sus dudas. En primer lugar, a Vera le llegará información sobre cierta entrevista de trabajo fuera del país, por lo que la problemática principal girará en torno a esa toma de decisión. Se trata del puesto de trabajo para el que estudió realmente, su pasión, su sueño, pero le da miedo reconocerlo. Serán sus amigas quienes con sus mensajes la convenzan de ir. Ya en marcha las notificará sobre sus pasos y sus miedos, sus emociones e ilusiones con respecto a su familia y su nuevo trabajo (ya que le confirmarán que ha sido seleccionada). Ya de vuelta actualizará a Marta y Esther cómo su marido ha apoyado su decisión y cómo se ha involucrado con sus hijos mientras ella estaba fuera (lo que tanto temía), ya que ella no puede estar siempre en el frente para todo el mundo con miedo a que su ausencia cause desequilibrios.
De esta manera, Marta y Esther encontrarán en Vera un ejemplo de valentía para tomar un nuevo rumbo. Finalmente, terminarán enfocándose en sí mismas ignorando lo que de ellas puedan pensar. Esther retomará su trabajo, el que verdaderamente significaba todo para ella, y Marta invertirá más tiempo en su individualidad para extrapolar sus propias emociones y plasmarlas en papel.
Sobre el mensaje:
Desde el primer momento decidí poner el foco en situaciones cuotidianas desde distintos ángulos para los que muchas mujeres se pudiesen sentir identificadas. Es realmente importante destacar que había que ignorar cuáles eran las profesiones de Esther y Vera para abrir el abanico de posibilidades sobre lo que una mujer puede o no hacer y, así, dejar de servir al canon femenino (o lo que “ellos” o el sistema definió como femenino). En este punto describo “ellos” a aquellos hombres que acuñaron el término “femenino” para todas aquellas tareas y hábitos que creían eran propios de las mujeres (y que no hace falta detallar porque podemos imaginarlos muy bien). Del mismo modo, son ellos mismos los que definen a la mujer perfecta, o el “plan de vida de la mujer”, o cuáles han de ser sus aspiraciones. Esto mismo podemos observar en cada uno de los 3 perfiles: el miedo al fracaso y a no ser la “mujer empoderada” que concibe el mundo moderno en el que estas mujeres viven de sus propios emprendimientos (Marta), el miedo a la dependencia y a no ser percibida o valorada como una mujer adulta y autosuficiente, sino débil (Esther) y el miedo a no servir al deber familiar y/o atender las “responsabilidades” que se creen tener abandonando así toda posibilidad de crecimiento personal (Vera).
Las 3 amigas formarían parte de dos generaciones colindantes, pero referidas desde una cronología diversa donde las demandas hacia la mujer cambian o se disfrazan, pero persisten. De esta forma, la unión de Vera, Marta y Esther sirve de nexo para explicar que están atravesando experiencias “frustrantes” diferentes, pero con una misma fuente: la creencia de haber de seguir (y servir) al canon femenino establecido.
A día de hoy prácticamente todos utilizan audios para comunicarse, ya que la velocidad de esta era no nos permite (o eso creemos) ralentizar el paso. Como el uso de este medio es una realidad extendida y la he vivenciado en 1ª persona, decidí usar este mismo recurso como herramienta y medio comunicador. Son muchas las mujeres que graban su voz para narrar sus confidencias, dramas u otras historias, y me he inspirado en audios de mis propias amigas para la realización de esta obra. El espacio que se crea con cada mensaje y grabación genera un ambiente de confianza, calma y mucha paz entre nosotras; ya que hallamos un área donde poder desahogarnos sin ataduras o estándares. Esa misma sensación, y la que genera en cada oyente era mi intención proyectar. Los estados de ánimo de unos y otros nos afectan, su tono, su ritmo y sus palabras. Esto mismo ocurre con Marta y Esther cuando oyen a Vera. Puede que la estén prestando más o menos atención (como ocurre en la obra), o que estén escuchando su audio con mayor velocidad (que ocurre con el tercer audio), pero este se está reproduciendo y, por tanto, influencia la atmósfera en la que se oye.
En el cartel de la obra he colocado el título “Él dice femenino” en los bordes, para representar el marco del canon que nos rodea, pero que a veces no podemos ver. Del mismo modo, situé las franjas de amplitud de onda como varios segmentos para cada audio junto al título, por dentro de estos. Con ello quise mostrar su efecto escudo, y cómo refuerzan y “protegen” lo que hay en el interior del cartel. El fondo se basa en una degradación del color fucsia y el color verde (colores de los vestidos de las intérpretes de Marta y Esther, respectivamente) a modo de aura, que simboliza la paz y el bienestar entre nosotras, y cómo nuestros pensamientos y emociones se van mezclando cuanto más hablamos y nos ”desenredamos”. Esto es, lo que ocurre en la amistad.
Sobre la propuesta escénica:
Planteo utilizar 2 sillas ubicadas a derecha e izquierda del escenario. A cada lado de cada una de estas se encuentra un “gran teléfono móvil” de cartón, aproximadamente de la altura de las intérpretes.
Esta decisión se basa en la experiencia de asociar la pantalla del dispositivo con la persona con la que se chatea durante una conversación. Tendemos a agacharnos sobre la pantalla, percibiendo la misma de un tamaño mayor del real, con lo que aúno esta idea con la anterior. Los móviles de Marta y Esther son representaciones tecnológicas para ellas mismas, y es la forma en la que Vera las percibe. Para que el público experimente esto durante la obra, planteo ubicar un tercer “gran teléfono móvil” en el centro del escenario, por detrás de las intérpretes, y que esté iluminado la mayor parte de la representación, haciendo clara la idea que los audios parten de ahí y obligando a visualizar a Vera con esa "apariencia".
Del mismo modo, propongo mostrar una maleta pequeña y un bolso delante de las intérpretes, también en el centro del escenario, como si fuesen objetos de Vera, y con los que interactuarán en momentos puntuales.
Cada silla simboliza el espacio personal de Marta y Esther. Tan solo estarán definidas por objetos que las identifican. Marta contará con libros, libretas, subrayadores, etc. Esther contará con una caja cuadrada (mudanza), cuadernos de oposiciones, lamparita, etc. Sus objetos son sus límites, ya que cuando interactúan con ellos están inmersas en sus pensamientos u ocupadas con sus tareas. Sin embargo, cuando una de las intérpretes gesticula o baila simboliza que está atendiendo al audio que escucha y que lo está interpretando, ya que los movimientos y posiciones se ajustan al contenido y al mensaje que quiere transmitir Vera y que captan (o no) sus amigas.
Para el vestuario de las intérpretes opto por dos vestidos, uno fucsia (Marta) y otro verde (Esther). Principalmente utilizo estos colores complementarios para subrayar que se trata de dos mujeres muy diferentes. Se añaden complementos como bailarinas o tacones, pero para realizar las frases coreográficas las intérpretes bailarán descalzas.
Las bailarinas que interpretarán estos papeles son:
- Cristina Carretero como Esther.
- Lara Nácher como Marta.
- Eva Rodríguez (externa) como Vera.
